Siria: Libia en el espejo

En marzo de 2011, tras meses de infructuosa lucha, aviones de combate franceses, apoyados por el Reino Unido y Estados Unidos, bombardearon posiciones del Ejército libio cercanas a la asediada ciudad de Bengazi, capital económica del país. Bautizada como “Operación Protector Unificado”, la intervención militar liderada por la OTAN tenía un objetivo estratégico evidente: detener el avance de las tropas leales al líder libio, Muamar Gadafi, que habían logrado frenar el ímpetu de los rebeldes y comenzaban a recuperar terreno.
Desde el punto de vista táctico, la meta era aún más ambiciosa y a la postre constituiría una de las claves que propició el derrocamiento del dirigente árabe contemporáneo más longevo en el poder: dividir el país y facilitar a los alzados una base segura desde la que reorganizarse y lanzar un asalto efectivo contra el régimen. Una vez conseguida, la conquista de Bengazi no solo significó un golpe de efecto moral, sino que contribuyó a que los heterogéneos grupos opositores libios arrinconaran sus diferencias, formaran un frente común y aceptaran la constitución de un Gobierno provisional que fue rápidamente reconocido por la comunidad internacional. Solo seis meses más tarde, y gracias sobretodo a la ayuda bélica de la Alianza Atlántica, los rebeldes lograron entrar en Trípoli, tomaron la capital y persiguieron al sátrapa, que finalmente fue capturado en la vecina localidad de Sirte y ajusticiado extrajudicialmente por los vencedores.

Un año después, táctica y estrategia en Siria se asemejan al plan que funcionó en el estado norteafricano, aunque la peculiaridad geográfica del país, las persistentes divergencias internas de la oposición y las agrias disputas en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU impiden, de momento, que se avance con paso firme en la citada dirección. A simple vista, y al igual que en la batalla contra Gadafi, el alzamiento en Siria enfrenta a un régimen cainita y sanguinario que lucha por sobrevivir, y a una amalgama de grupos opositores en la que se imbrican, todavía sin mucho orden, desertores del Ejército, veteranos movimientos de oposición tanto internos -principalmente los Hermanos Musulmanes– como en el exilio, voluntarios sin adscripción fija y cientos de experimentados yihadistas llegados desde estados vecinos como Irak, Jordania, el Líbano y otras naciones musulmanas. Además, ocultos aún entre bambalinas, decenas de agentes de los servicios secretos de países occidentales como EEUU, Francia y el Reino Unido, y de naciones vecinas como Israel, Irán o Turquía libran un feroz combate clandestino cuyo objetivo esencial es preservar sus respectivos intereses geopolíticos. Únicamente la reticencia de Moscú, secundada desde Pekín y aplaudida con efusión en Teherán, a perder uno de los últimos aliados firmes que le quedan en la zona evita, hasta la fecha, que esa intervención extranjera sea pública y visible como lo fue en Libia.”Las recientes palabras del (presidente de Estados Unidos, Barak) Obama, que ha admitido operaciones encubiertas de la CIA en la zona, explican el desarrollo de los hechos en las últimas semanas“, argumenta un responsable de Seguridad árabe en el área. “La efectividad de los rebeldes ha mejorado. Sus tácticas sobre el terreno son más profesionales, más efectivas y por eso han podido avanzar tanto en Damasco como en Alepo. El objetivo es el control de esta ciudad, que debilitaría al régimen y partiría el país“, detalla está fuente, que pide no ser identificada.

Aparte del lastre chino y ruso, otros dos son los escollos principales que evitan que se pueda cortar el nudo gordiano del enconado conflicto sirio. El primero, la naturaleza híbrida de la propia oposición al presidente sirio, Bachar al-Asad, tan dispar como nebulosa. Compuesta tanto por activistas laicos como por apóstoles del islamismo, en 16 meses de alzamiento no ha conseguido aún aventar sus profundas diferencias ideológicas y formar un frente común de mínimos que le permita aunar fuerzas, pese a que comienzan a aflorar signos evidentes de debilidad en un régimen con síntomas de agotamiento. Solo en la última semana, los tres grupos más destacados han ofrecido sendas propuestas diferentes sobre el futuro político del combate. El Consejo Nacional Sirio (CNS), principal plataforma opositora, integrada por kurdos, árabes, cristianos, musulmanes suníes y otras minorías, anunció días atrás que ya se han iniciado los contactos para la formación de un gobierno provisional que pilote una eventual transición. Apenas 24 horas después, el Ejercito Libre Sirio (ELS), que lucha sobre el terreno y está formado en su mayoría por desertores del Ejército y extremistas islámicos, acusó a ciertos políticos de querer aprovecharse de la sangre de los mártires y advirtió que el primer paso debe ser la formación de un Consejo Superior de Defensa, en el que compartan responsabilidad civiles y militares. Solo un día más tarde, un tercer grupo de opositores anunció su salida del CNS y la creación de una nueva entidad, con objetivos diferenciados. Dirigido por el juez Haizam al-Maleh, el nuevo Consejo para la Revolución Siria recrimina al CNS -dominado por los Hermanos Musulmanes- que se haya desligado de la realidad sobre el terreno para perseguir sus propias quimeras. En el fondo de la disputa se atisba la disparidad de criterio que existe sobre el papel que deben desempeñar aquellos miembros del círculo íntimo del régimen que, como el general Manaf Tlas, han decidido desertar. Algunos consideran que deben formar parte e incluso liderar el proceso de transición; otros, como el propio Al-Maleh insisten en que deben permanecer apartados y someterse al dictado de la Justicia por su su vinculación con el gobierno. Una polémica que amenaza con ahondarse a medida que se redoblen las defecciones, como la del ya ex primer ministro Riad Farid Hijab.

El segundo obstáculo es el creciente papel que desempeñan en la guerra elementos yihadistas, con diferencias sectarias cada vez más acusadas que parecen conducir el país hacia la inestable y sangrienta situación en la que se sumió Irak tras el derrocamiento en abril de 2003 del entonces también vilipendiado presidente Sadam Husein. La acción de estas milicias de fanáticos, algunas de ellas vinculadas a la red terrorista internacional Al Qaida, se ha multiplicado con celeridad en los últimos meses, en los que han perpetrado decenas de atentados. El pasado fin semana, y en nuevo paso hacia adelante, un grupo que se dice afín al ELS anunció la captura de 48 peregrinos iraníes, a algunos de los cuales acusa de ser agentes clandestinos de la Guardia Revolucionaria, cuerpo de elite y bastión ideológico de las Fuerzas de Seguridad iraníes. Una acción que ha obligado a Teherán a colocarse en la vanguardia del conflicto y exigir al resto de actores implicados ´principalmente Turquía y Qatar- que asuman sus responsabilidades. Murad Batal al-Shistani, experto en grupos yihadistas de la BBC británica advertía días atrás que los ataques de organizaciones locales como Jabhat al-Nusra y de extranjeras como Fatah al-Islam (con base en el Líbano) se han disparado en el primer semestre del año y apuntaba hacia Irak y el propio Líbano como punto de partida de los fanáticos. “Los yihadistas, aquellos que pretenden imponer un estado islámico por la vía de violencia, han comenzado a ser perceptibles en el campo de batalla, al tiempo que Siria crece como tema de debate recurrente en los foros extremistas”, escribía. “Las investigaciones apuntan que son muy activos en entornos urbanos: el 54 por ciento de los ataques los han realizado en Damasco y el 20 por ciento en Alepo”, explicaba. Este incremento de la actividad no solo preocupa a Occidente -espantado por la posibilidad de matanzas étnicas indiscriminadas-, sino a los propios sirios, molestos ya con algunas de las actitudes intransigentes y arrogantes de esas milicias; y sobre todo al propio ELS, gran parte del cual que trata de desmarcarse de sus tesis y acciones. “La ideología yihadista contradice aquello por lo que lucha el ELS“, declaró a la cadena británica el coronel Ahmad Fahd al-Nimah, miembro de la fuerza rebelde. “Son una amenaza real para cuando caiga el régimen“, advirtió. Pocos creen que eso pueda ocurrir a corto plazo si los rebeldes no conquistan antes una base importante, como la sitiada y castigada Alepo. FIN

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