Obama-Romney: Irán mira con ansiedad hacia norteamerica

Existen pocos países del mundo en los que la campaña electoral estadounidense y los debates entre los aspirantes a la Casa Blanca conciten tanta expectación como en Irán. Pese a la temprana hora en que estos tienen lugar -en torno a las 5:30 de la mañana hora de Teherán- seguidores y opositores del régimen prenden los satélites (teóricamente prohibidos en el país) o se conectan a internet (filtrada por el gobierno) en busca de indicios que confirmen sus dispares anhelos. Los primeros, pendientes de aquellas palabras que les permitan apuntalar la idea, ahora en desuso entre muchos jóvenes, de que Estados Unidos es el númen de la corrupción en la tierra, como hace más de cuatro décadas consignó por escrito Jalal-e Ahmad, uno de los ideólogos de la República Islámica. Los segundos con la esperanza de que el futuro inquilino de la Casa Blanca supere el muro de la retórica, dé un paso al frente y se comprometa a fondo con la destrucción de un régimen opresor y aranero. Las duras condiciones económicas que soportan los iraníes sumadas a la incertidumbre política que recorre el país ante el fin, en marzo, del mandato del polémico Mahmud Ahmadineyad y a los rumores sobre la enésima posibilidad de que Washington y Teherán se embarquen en negociaciones bilaterales abiertas (las clandestinas se han repetido durante la última década) han multiplicado esa habitual fascinación por la política norteamericana que tienen los iraníes y agitado ciertas ansiedades.

La idea generalizada es que la reelección del presidente Barack Obama vigorizaría la actual política de sanciones, diseñada para derrocar el régimen a través de la destrucción efectiva de su economía, mientras que una victoria de Mitt Romney aumentaría las posibilidades de una operación bélica que con el líder demócrata en el Despacho Oval muy pocos en Irán ven probable. Una opción, esta última, que paradójicamente parecen ansiar algunos de los sectores más ultraconservadores del Gobierno, convencidos de que su efectividad sería limitada y asumible, al tiempo que generaría la atmósfera propicia para segar los brotes aún vivos de oposición, relanzar la tradicional propaganda de hostilidad hacia Occidente y recuperar la faz amarga, represiva y antiimperialista que caracterizaron los primeros quince años de República Islámica. “El ataque sería un desastre, sobre todo para quienes ansiamos la caída del régimen. Lo reforzaría y haría que este infierno en el que vivimos fuera aún más insoportable. Esperemos que Romney no gane”, explica Houman, un joven líder estudiantil con el que coincidí durante mis años de estancia en Irán.

El temor a la victoria del gobernador por Massachusetts es lícito si se atiende a las opiniones de aquellos que ahora forman parte de su equipo asesor para asuntos internacionales y seguridad nacional, aunque habría que esperar a ver quienes serían sus elegidos si finalmente llegara a ocupar el sillón presidencial. Hace apenas un año, el líder republicano divulgó una lista de 24 nombres, en la que dos terceras partes habían servido bajo la administración del último presidente norteamericano, George W. Bush. Entre ellos, algunos de los que, como Paula Droviansky, promovieron la intervención militar en Irak y destacados miembros del lobby judío cercanos a la posición beligerante hacia Irán que defiende una parte del actual gobierno israelí, con el primer ministro Benjamin Netanyahu a la cabeza. Todos ellos han criticado con dureza la actual estrategia demócrata hacia Teherán y defendido la intervención militar como la mejor alternativa para frenar el controvertido programa nuclear iraní. Durante la última visita de Romney a Israel, uno de ellos, Daniel Senor, llegó a afirmar que el candidato republicano “respetaría la decisión israelí de atacar Irán”, declaraciones que desataron una enorme polémica y que hubo después precisar. Otros, como John Bolton, antiguo subsecretario de Estado bajo la administración Bush, carecen de remilgos a la hora de señalar públicamente que la República Islámica debe ser bombardeada.

Los recientes rumores de que la actual administración estaría buscando abrir una vía de diálogo con Teherán, como ya hizo Bill Clinton en la década de los noventa, han agitado aún más las aguas. Aunque parecen formar parte de una táctica de campaña para desprestigiar al contrincante y arañar votos de indecisos conservadores, contienen una lógica aplastante que los hace plausibles. La necesidad no reside, sin embargo, en la citada polémica nuclear -aunque formaría parte de su eje-, sino en una cuestión que parece preocupar ahora más al Pentágono: la retirada de Afganistán prevista para 2014. Irán comparte con su vecino una de las fronteras más conflictivas del mundo, puerto de salida de la mayoría de la droga que se produce en los campos de amapola afganos y lugar de tránsito clandestino para traficantes de armas y personas. Además, en la República Islámica viven más de tres millones de afganos, más de la mitad de los cuales se hallan en situación irregular y cuya eventual expulsión generaría grandes problemas. La amplia presencia de agentes secretos iraníes infiltrados en Afganistán, donde han establecido relaciones con grupos armados, tanto Taliban como radicales islámicos vinculados a Al Qaeda, se perfilan como otro posible factores de inestabilidad presente y futura. Todos ellos unidos han forjado la impresión, entre los propios oficiales norteamericanos, de que se necesita un acercamiento al enemigo iraní si se quiere garantizar una salida amable de Kabul y una transición suave en país centroasiático. No sería extraño. El entendimiento estratégico ya se produjo en 2001, tras los cruentos atentados del 11-S en Washington y Nueva York y la subsiguiente operación bélica en Afganistán. Paradójicamente, se entabló con una administración republicana. FIN

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Un pensamiento en “Obama-Romney: Irán mira con ansiedad hacia norteamerica

  1. Obama ha ganado las elecciones. Esperemos los comentarios de los países árabes y que se cumplan tus predicciones. La salida del ejército norteamericano de Afganistán, al igual que las fuerzas del ISAF será la prueba de fuego de este decenio de ocupación que , como pienso, se cerrará mal. gracias por tu reflexión. Un saludo desde Sevilla. jlrr.

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