Qatar ¿Una genuina primavera en el Pérsico?

El pasado 24 de junio, apenas un año después de que se deslizaran los primeros rumores sobre sus problemas de salud, el emir de Qatar, sheij Hamad bin Khalifa al-Thani, sorprendió a todos con un inesperado anuncio. Reunió al grueso de la familia Real en uno de sus palacios y les comunicó que renunciaba al poder en favor de su hijo Tamim bin Hamad al-Thani, un joven de apenas 33 años de edad, apuesto y aparentemente moderno, que ha sido educado en algunos de los centros más prestigiosos del mundo: estudió en la escuelas públicas británicas de Harrow y Sherborne y se graduó con excelentes calificaciones en afamada la academia militar de Sandhurst, tradicional refugio de los delfines europeos y árabes (por sus victorianas aulas han pasado líderes mundiales como el actual rey Abdalá II de Jordania).

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 Foto: From The Economist http://www.economist.com/node/16219226

Consciente de los retos que angustian a la región –zarandeada por la guerra civil siria y las revueltas en Túnez, Egipto o Libia-, el emir ha optado por ser consecuente con la misma filosofía que le condujo al poder y que ha hecho del pequeño Qatar uno de los países claves en el mundo árabe actual: en 1995, y ante el anquilosamiento y la vejez de sus padre, reunió igualmente a sus allegados y dio un golpe de estado incruento que le reportó el trono. A partir de entonces, el rico pero arcaico emirato emprendió un vertiginoso tránsito hacia la modernidad que en apenas dos décadas ha convertido este minúsculo pedazo de desierto asomado al golfo Pérsico en uno de los estados con mayor influencia en la región y con mejor proyección e imagen en el exterior, pese a conservar un sistema autocrático, pro islamista y de derechos limitados. “Ha llegado el momento de abrir una nueva página en el viaje de nuestra nación, un viaje en el que las nuevas generaciones asumirán sus responsabilidades… con sus innovadoras ideas”, argumentó el jeque en un inusual discurso, transmitido por el que es el mejor –y más controvertido- de sus legados: la televisión por satélite Al-Jazeera, que en sus cerca de 22 años de existencia, no solo ha revolucionado el concepto de la información en las sociedades árabes-, si no que también supuso el abono esencial para que el actual proceso de transformación germinase. “Esta supone una página más en el capítulo de las primaveras árabes, aunque no se trata necesariamente de que ha llegado el poder popular”, explicaba la semana pasada al diario británico “The Guardian” el profesor Salman Shaikh. Asociado al Brookings Center de Doha, el experto precisaba que se trata “de una transición familiar sostenida en valores tradicionales antes que una transición con valores democráticos”.

Observado en el contexto regional, la decisión del emir Hamad supone, ante todo, una genuina revolución. Al contrario de lo ocurrido en Egipto o Túnez –donde las vetustas dictaduras han sido sustituidas por regímenes pseudo-democráticos dirigidos por una generación de viejos opositores que crecieron y se desarrollaron bajo su cruenta sombra, asidos a los mismos obsoletos patrones-, la abdicación ha introducido un fenómeno novedoso: el del relevo generacional suave en una zona del mundo donde los dirigentes se suelen aferrar al poder hasta la muerte, incluso aunque la enfermedad les cerque. El caso más evidente es el de su poderoso vecino Arabia Saudí, escenario desde hace años de un movimiento de protesta reprimido sin piedad e interesadamente ignorado desde occidente que exige el transito hacia una monarquía constitucional y la renuncia de un rey y un príncipe heredero que rondan los 80 años en favor de líderes más jóvenes. Similar situación vive Argelia, dirigida por un presidente –Abdelaziz Bouteflika– del que se desconoce, siquiera, si aún gobierna en Argel o estás postrado a la espera de la muerte en un hospital de París. “Esto va a cambiar la mentalidad tradicional en la región, donde los líderes se eternizan hasta que mueren. Arabia Saudí por ejemplo. El rey tiene 90 años y todavía ha resistencia al cambio generacional. Esto va a llevar a otros cambios”, insiste Said Yebbar, un abogado afincado en Londres. Expertos y diplomáticos en la zona consultados agregan que al igual que Al Jazeera supuso una revolución al derribar el control y el monopolio que los regímenes árabes ejercían sobre la información, la renuncia voluntaria del emir Hamad es un mensaje a sus pares para que le concedan una verdadera oportunidad a los jóvenes.

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Foto: Al-Jazeera

En el plano interno, sin embargo, apenas se esperan novedades. En estos años de vértigo en los países árabes, el emir de Qatar se había alineado con los denominados movimientos islamistas moderados, en particular con los Hermanos Musulmanes y sus afines, a los que ha provisto de apoyo político y financiero. Este respaldo se incrementó aún más tras las revueltas en 2011, que acabaron con los regimenes dictatoriales de Hosni Mubarak, Ben Ali y Mouamar Gadafi y han llevado al gobierno a la cofradía en Egipto y a sus colegas del movimiento An-Nahda en Túnez. “La cobertura de Al-Jazeera de las revoluciones árabes no es un ejemplo de imparcialidad. Su apoyo a los islamistas y su desdén por los liberales ha sido manifiesto. Al-Jazeera ha perdido mucho del prestigio que se ganó en los años anteriores”, explica el periodista egipcio Mohamad Qantir. Aunque el próximo jeque Tamim parece menos entusiasta que su padre a este respecto, pocos creen que este respaldo vaya a cambiar a medio plazo.

Más controvertido es el apoyo que Qatar proporciona a los rebeldes sirios, y que el nuevo emir tampoco va a variar. El sheij Hamad era –y es- un fiel defensor de la necesidad de armar a los rebeldes sirios, y durante los últimos meses les ha proporcionado ayuda logística y humanitaria. Sus servicios secretos están sobre el terreno, y su músculo financiero es –junto a las aportaciones de Arabia Saudí- el principal sostén de la oposición en el exilio, incluido el brazo armado: el Ejército Libre Sirio. Esta estrategia ya la estrenó con éxito durante el levantamiento popular en Libia, que condujo a la desaparición de la peculiar autocracia de Gadafi.

A cambio, Qatar gana presencia e influencia internacional como lo hizo con Al-Jazeera, su auténtica lavadora de imagen. Con apenas dos millones de habitantes, se ha convertido en un interlocutor político de Occidente en la región y ejerce de mediador e incluso de tutor frente a otros países menos estables de Oriente Medio, como el propio Egipto. Grandes inversores qataríes han comprado tierras y adquirido, además, importantes proyectos de infraestructuras en el norte de África. El mejor ejemplo de su artera diplomacia son las buenas relaciones que mantiene con Irán, al tiempo que acoge a soldados norteamericanos en su territorio.

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Foto: From cbsnews http://www.cbsnews.com/8301-31751_162-20024442-10391697.html

La derrota tampoco se espera que gire en el plano interno. El emir Hamad no anunció cuando se hará efectivo el traspaso de poder, aunque se intuye que será en breve. Aunque se espera que el también anciano primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, jeque Hamad bin Yassim, deje igualmente paso a los jóvenes, no habrá una revolución democrática inmediata. Tampoco lo demandan los ciudadanos qataríes, que no llegan a los 500.000 y que disfrutan de la mayor renta per cápita del globo. La única institución suceptible de ser elegible en el futuro es el Consejo de Shura, una especie de senado integrado por 45 dignatarios que asesora al emir. El plan que algunos de los allegados a Tamim manejan, parcialmente bloqueado ahora por la última reforma de su padre, sería un cambio que permitiera que 30 de esos consejeros fueran elegidos por votación popular.

Formado en la disciplina y la obediencia militar, el nuevo emir de Qatar es también –dicen quienes le conocen- un hombre ambicioso dotado con el privilegio de saber esperar. Es consciente de que su reinado será largo y que la estabilidad y la riqueza de su país residen en mantener su destreza como relaciones públicas. En este sentido, sus retos más inmediatos son garantizar la independencia que le regala su riqueza energética –es el principal exportador de gas licuado del mundo- y preparar ese gran escaparate que será el Mundial de fútbol en 2022. En el camino, no estaría de más exigirle mayor libertad de expresión en su país, mejores derechos para los trabajadores extranjeros que lo sostienen y una relación más transparente con los movimientos islámicos que avente supuestos flirteos con el yihadismo global. FIN

Publicado originalmente en: http://usahispanicpress.com/

 

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